sábado, 27 de agosto de 2016

Un, dos, tres.

Un, dos, tres; un, dos, tres, pasaban los segundos, estaba contando los minutos de uno de los mas grandes momentos de aburrimiento de mi vida.
Estaba yo sentada, sobre aquellas bancas de madera, la pared crema y sucia al frente mio, un, dos, tres, un, dos, tres. 
La angustia era grande, mire al cielo en busca de esperanza pero no hice mas que chocarme con un resplandeciente brillo solar, sentia las brazas en mi cuerpo y como cada centimetro de mi piel ardia y un, dos, tres, paciencia!, un, dos, tres, mi larga espera. 
Cerré mis ojos, pense en mis muchas obligaciones y me di cuenta que mi vida estaba bien, no habian preocupaciones por ese lado, lo que seria una semana de ausencia en mi vida y ya estaba todo listo, pero un, dos, tres, un, dos, tres, mi tolerancia se acaba.
Gotas de sudor invadian mi cuerpo, la deshidratacion me alcanzaba, un, dos , tres horas, un, dos, tres gotas rodearon mi frente. 
Mi cuerpo ya estaba alterado, el ambiente era agetreado y un, dos, tres ahi estaba yo contando, voltie y lo vi caminando por ahi. No era joven, no era viejo, pero que maltratado su cuerpo. No era negro, no era blanco, pero su piel trigueña aborrecia aquel calor. Caminaba y caminaba, y en sus fuertes brazos muchas botellas llevaba, vendedor de gaseosa y agua, muriendo de sed en aquel abominable antiguo centro de campaña.
El cansado hombre recorria la instancia sin parar y a pesar del cansancio o del calor no tomaba nada de liquido, en medio de mi espera lo llame, vi subrostro emocionado acercandose y me pregunte ami misma si despues de un dia tan fatigado como el de aquel hombre con responsabilidades mas grandes que las mias, si yo me pusiera en su lugar a pesar de todo podria alegrarme por una botella de agua, me lo pregunte y una, dos y tres veces me lo pregunte, no pude responder mi cuestion.
Lo tenia a mi lado y repaso su discurso de bebidas disponibles le pregunte cual vendia menos, note su asombro me señalo la roja y le dije "¿me das una helada?", la saco rapidamente y me la tendio en la mano, le dije que se espere y le doje que me diera la que mas le gustaba y tambien que estuviera helada, el hombre la saco. Lo invite a sentarse, a que tomara la gaseosa conmigo y le tendi en la mano el dinero de la venta de ambas gaseosas mas un poco mas de dinero que le dije que se lo quedara y en ese momento un, dos, tres sorbos, un, dos, tres palabras; un, dos, tres, cuatro, veinte minutos de una tarde amena, que calmaron mi espera, mi calor, mi agobio.
Y ahora me pregunto una, dos y tres veces si alguien haria lo mismo por mi si yo estuviera en su condicion. Solo tu que lees esto puedes responder, vamos has algo por esa persona, tres sorbos de agua, tres pasos hacia un mundo mejor.

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